A Dios se llega por muchos caminos. Hay caminos llenos de encrucijadas en medio de las grandes ciudades, donde se toman las decisiones de la humanidad. Los hay más sencillos, en el corazón del hogar familia, donde se forman los hombres y mujeres de nuestra historia al calor y al abrigo de los que se aman de verdad.

Del mismo modo que Dios se hace el encontradizo a los sabios y a los sencillos; los hombres y mujeres, buscamos su rostro en la trama de nuestras vidas, y en el complicado tejido de la historia desde las más diversas formas de existencia. Todas llenas de ansias de eternidad, y de deseo de verle tal y como es; todas con sed de la verdadera felicidad; aunque no siempre todos encuentran el auténtico camino que conduce a la deseada plenitud.