El convento de dominicas de la Santa Cruz es el más antiguo de la vieja ciudad de Vitoria, situado intramuros en la calle Pintorería.

Estando en Vitoria en 1522 el almirante de Castilla, don Fadrique Enríquez, con los otros gobernadores, el cardenal Adriano de Utrecht y el condestable de Castilla, don Iñigo de Velasco, vieron el ir y venir de las beatas de Santa Cruz, por lo que este último les dio 10.000 maravedís de renta para que se proveyesen de capellán y siguió pagándoselos hasta su muerte en 1540. A partir de entonces se habilitó una iglesia, en lo que ahora es el bajo coro, que se consagró el 20 de julio de 1522.

Las obras del nuevo convento, que fue erigido en la calle Pintorería, se desarrollaron entre 1530 y 1547. El patronazgo y la fundación se debe al matrimonio formado por el licenciado Hortuño Ibáñez de Aguirre y María de Esquível y Arratia, constructores también del palacio Aguirre (Montehermoso) de Vitoria, la capilla de la Cruz (hoy de La Milagrosa) y el coro de la iglesia de San Vicente.

Del convento de dominicas de Santa Cruz que el licenciado Ortuño Ibáñez de Aguirre y su esposa María de Esquível y Arratia fundaron en 1530 solamente se conserva la fábrica de la iglesia conventual abierta a la calle Pintorería, así como los indicios del claustro del monasterio. Es el único edificio conventual conservado en el Casco Histórico de Vitoria-Gasteiz y está declarado Monumento Histórico Artístico desde 1984.

No obstante, unos años antes, hacia 1520, el licenciado Aguirre y su esposa María de Esquivel habían mandado construir un edificio para ser convento de dominicas, bajo la advocación de la Santa Cruz, en lo más alto de la vieja colina, en la calle Santa María. Pero una vez terminado, hacia 1522, parece que María de Esquível no está conforme con dicho fin conventual y el licenciado lo convierte en su residencia familiar y junto con su mujer lo instituye en mayorazgo de los Aguirre. Desde entonces sería el palacio de los Aguirre y posteriormente de Montehermoso. Poco tiempo después mandan levantar el actual convento de la calle Pintorería.

La iglesia es un edificio de una sola nave y cabecera ochavada que se cubre con bóvedas de terceletes y estrellada. Tanto en las claves de las bóvedas como en otros lugares del interior del templo todavía se conservan los blasones de sus fundadores. Es un buen ejemplo de la dualidad gótico-renacimiento de tanto arraigo en la zona norte peninsular durante el siglo XVI.

Lo más destacado de la iglesia conventual es, sin duda, su monumental fachada cobijada bajo un gran arco y articulada en dos registros o cuerpos. En el inferior, fuertemente remarcado por un arquitrabe, dos intercolumnios corintios con nichos vacíos flanquean la puerta de entrada en arco de medio punto. Los únicos elementos figurativos presentes en este cuerpo se presentan en las bases de los fustes acanalados de las columnas y en las enjutas del arco.

El segundo cuerpo de la fachada se divide a su vez en dos niveles. En el primero, flanqueado por los escudos de los fundadores del convento, se desarrolla un relieve con escenas de la Pasión de Cristo que hace referencia a la titularidad de la iglesia y el convento. En él se narran sucesivamente y sin separación tres episodios: la caída de Cristo en el camino al Calvario, la ayuda prestada por el Cirineo y el encuentro con la Virgen y San Juan. Es, ciertamente, este relieve, uno de los mejores ejemplares de la plástica renacentista vitoriana, atribuido al imaginero Juan de Ayala II.

Sobre el relieve un enorme escudo del emperador Carlos V con el águila bicéfala, el vellocino y las columnas de Hércules con el lema Plus Ultra ampara las armas de los fundadores, que muestra el privilegio y favor concedido por el monarca a su consejero.

Fuente: Paquita Vives

En 1206 Santo Domingo reunió a algunas jóvenes mujeres que él había convertido y había rescatado de los cátaros en la comunidad de la iglesia de Santa. María de Prouilhe. Esta primera fundación de hermanas contemplativas dominicas todavía atrae a mujeres para vivir como Jordán de Sajonia describe en el siglo trece:

“estas servidoras de Dios siguen ofreciendo una adoración agradable a su Creador, en la santidad de su vida y en la pureza de su candor – una vida que es conducente a la salvación para ellas, un ejemplo para los otros, una alegría para los ángeles, y un goce para Dios.”

El origen de la comunidad ha de situarse en un beaterio fundado en 1511 por las hermanas Pérez de Oñate que compraron unas casas y huertas que el convento de Santo Domingo poseía (en su lugar está hoy el zaguán del convento). Pronto se les unieron otras beatas y todas iban cada día a misa al convento de Santo Domingo.